Empty Pockets Jack

La incertidumbre de los números
Baila sobre negros y rojos.
Verdes se rebelan traicioneros
Con grandes abismos redondos.
Apuesta, vamos, no entiendo
Por qué ante el azar voy solo.
Ámame mientras no pierdo
Y cóseme los bolsillos rotos.
Soy hijo de un embustero
Tengo mis oídos muy sordos
Ante el ruido que hace el dinero
Yéndose en periodos cortos.
Deudas, mafiosos y sepultureros
Me persiguen por ser tonto,
Pues saben que siempre pierdo:
Caperucita abre la boca del lobo
En su saliva yo me veo, apuesto
Pero soy, de un hombre, despojo.
¿Qué hago para ganar respeto?

Lacandona

Afuera el sol empieza a huir
Detrás de unos cuantos gigantes verdes
El único pensamiento que vaga en mi mente:
Llegar a ti donde quiera que estés muriendo,
Donde sea que estés perdiendo la batalla,
En cualquier trinchera oculta detrás de un par de ojos
De mujer resignada, acostumbrada a ver tu vida
Tras los cerros, tras las fronteras del sol,
Entre el águila y la serpiente que deben su nombre
A miles como tú.
Quisiera morir por ti, demostrarte que el sol
No solamente quema, que también ilumina
El corazón de los hombres con sus canciones melancólicas,
Que cada uno de tus lamentos en la noche ha sido escuchado,
Que no han muerto en veladoras, que no se han convertido en niebla,
En fin, que alguien tan solitario como tú finalmente se atrevió a oír
Tu vieja canción
En medio de un viaje
Hacia la eternidad.

Manifiesto

República de Miseria,
A miles de pies bajo la dignidad del hombre
Y todavía luchando por nuestro derecho
A ser humanos de nuevo.

Este manifiesto, ahora en tus manos,
Se escribe hasta hoy con lágrimas,
Hoy como antes de que tú nacieras,
Como antes de que te preguntaras
El por qué de nuestro sufrimiento.

El que sea pobre que escuche:
Pobre es aquél que no queriendo ser,
Es.
Pobre es aquél que no queriendo ser ofendido,
Es.
Pobres somos los que queriendo ser representados,
Poder de decisión carecemos.

Miles de colores habitan en nuestra alma,
Tenemos embajadores en todo el mundo,
Puedes hablar con cualquiera de ellos:
Pregúntale cómo se siente ser uno de nosotros,
No te burles reclamándole su existencia incongruente
Con ese modelo que alguna vez te fue enseñado
Por algún “maestro de la ley”
(De la Demanda y la Oferta, por supuesto).

Que una limosna no sea una ofensa más,
No basta compartir alimentos si puedes compartir
Libertad.

Nuestra gente no quiere rendir más tributo
Al sistema que nos mandó al infierno
Intentando convencernos de ser merecedores de
Ese cielo imaginario tratando de ser felices
Por ser siempre lo que somos.

Ni siquiera basta una disculpa pública
Caminando sobre el mar.
Si aquél con el poder siempre da muerte al
Que se atreva a algo semejante;
A quien se atreva a soñar con un mundo
En el que yo y el resto de nuestra familia
No tenga que morir al vivir
Para que en aras del orden
Sigas prevaleciendo;
Si acaso siendo el carcelero
Contarás un número adicional
Antes de que nos alcance tu castigo…
Antes de que los grilletes nos retengan,
Tal vez en una celda ligeramente más grande.

Nuestras filas
Han visto caer el velo de tus ojos
Ante unos cuantos profetas legendarios
Desvanecidos en esta guerra
Que día a día libramos.
Su último día fueron llamados pobres,
Más habían escapado
A la esclavitud del concepto;
De la prisión
Económica, mental,
De la explotación del hombre por el hombre,
Y de aquella injusticia sistemática.

Afortunado aquél que queriendo ser libre,
Lo es.
Bendito aquél que siendo libre,
Ayuda a liberar a sus hermanos.



Poemas de Maria José Medina Novelo
Poesia